sábado, 4 de septiembre de 2010

Capitulo 5: Resaca

Outreach
Marca Sarna, Mancomunidad Federada
14 de Enero de 3055

El frió viento del norte llegaba hasta las instalaciones del espaciopuerto de Harlech haciendo que todos los camisas amarillas que atendían el trafico aeroespacial a pie de pista sufrieran escalofríos.
No era un día muy ajetreado en la pista 23 norte. La gigantesca nave de descenso Sabre se mantenía inmóvil y la forma ovoide del casco prácticamente se había convertido ya en parte del paisaje. De los 43 tripulantes, solo se encontraban en ella una quinta parte haciendo labores mínimas de mantenimiento. El resto se encontraban de permiso en Harlech o en planetas cercanos.
La Sabre era una nave clase Overlord. Las naves clase Overlord fueron diseñadas hace casi 300 años para ser los mayores transportes de BattleMechs y todavía seguían siéndolo. Con 130 metros de alto podía llevar hasta 36 BattleMechs, ademas de un escuadrón de cazas aeroespaciales y más de 100 toneladas de carga. Ademas eran autenticas fortalezas volantes que disponían de un impresionante arsenal compuesto desde cañones proyectores de partículas, llamados vulgarmente CPP, hasta cañones automáticos pasando por una multitud de afustes de misiles. Una Overlord descendiendo y lanzando su letal carga de BattleMechs sobre un campo de batalla era de las visiones mas temidas por cualquier fuerza terrestre en los estados sucesores.


La estrategia y la economía dictaba que este tipo de naves debían estar en continuo movimiento puesto que no eran baratas de mantener. La misión de la nave de descenso era llevar a su tripulación y carga desde el planeta hasta el espacio, en donde se acoplaría a una nave de salto que seria la que mediante un salto dimensional llevaría a la nave de descenso a otro sistema planetario, en donde la nave de descenso aterrizaría en la superficie del planeta deseado. Sin embargo la Sabre llevaba dos meses estacionada desde su ultimo viaje y su carga también estaba inmovilizada en sus hangares. Sus hangares nunca habían estado al máximo de capacidad pero poco a poco el hombre que estaba a punto de entrar en el puente de mando de la gigantesca nave lo estaba logrando.
Antonio Cherenkoff no era el típico jefe de unidad mercenaria. Había pasado ya la cuarentena, de espaldas anchas y bien parecido, notaba ya el peso de la edad y como empezaba a costarle ver el cinturón del uniforme por la incipiente barriga. Caucásico y con el pelo moreno, aunque ya empezaba a tener canas a la altura de las sienes, Cherenkoff sabia que todavía estaba en la flor de la vida a pesar de todos los excesos que su cuerpo llevaba a cuestas. Adicto al buen vodka, siempre tenia una botella de Vikoroff Etiqueta Negra sin terminar en su camarote pero esta vez decidió aguantar un rato mas sin su liquido elemento cuando llego al puente de mando. El coronel se sentó en la silla del capitán de la Sabre. El puente se encontraba vació y estaba iluminado con una luz azul suave indicando que la nave estaba usando la energía auxiliar. Todos los paneles de control y consolas se encontraban apagados. Cherenkoff necesitaba un sitio tranquilo y silencioso como ese para empezar a olvidarse de la resaca que aguijoneaba su cabeza. Saco del bolsillo de su guerrera su pequeña agenda electrónica y empezó a revisar los informes de ayer. Comprobó las ultimas incorporaciones de mechwarriors, aeropilotos y tripulantes de vehículos convencionales a la compañía. Sonrió cuando vio que las ultimas adquisiciones de maquinas hacían que la Sabre estuviera casi completa en el apartado de BattleMechs. Los últimos ´Mechs que habían adquirido estaban construidos con la tecnología recuperada del núcleo de memoria de la antigua Liga Estelar. Aunque el núcleo de memoria fue recuperado en el 3028 por la Legión de la Muerte Gris, otra unidad mercenaria, no ha sido hasta hace unos cuatro o cinco años cuando han empezado a verse de nuevo los adelantos de ese pasado más brillante. Cherenkoff sabia que los nuevos modelos de ´Mechs mejorarían la capacidad de combate del segundo batallón. En la bodega de carga de la Sabre había 30 maquinas de las 36 que podía albergar y mañana estaba prevista la llegada de los 6 nuevos ´Mechs a Outreach. Sabia que esto contentaría a su segunda al mando y jefe de operaciones de BattleMechs, Selina Kyle. Las nuevas maquinas habían sido parte de un trato con la casa Marik por la entrega de 4 OmniMechs de los clanes capturados en combate. Cherenkoff había aprovechado sus contactos en su natal Liga de los Mundos Libres para incluir en el trato la actualización de una compañía de ´Mechs, unas doce maquinas, ademas de la compra de varios cazas aeroespaciales y de dos lanzas de vehículos de apoyo de fuego. Este “pacto” había sido consensuado también con sus otros dos segundos, el mayor Yeltsin y el mayor Rommel. Los tres últimos contratos había dado una buena inyección económica, así como unos excelentes derechos de rescate, que Cherenkoff decidió aprovechar.
Ese momento de orgullo por el trabajo bien hecho se rompió con la apertura de la exclusa del puente. El contramaestre Ortiz entro en el puente y tardo varios segundos en darse cuenta de que había alguien más en el puente.
—Buenos días contramaestre—dijo Cherenkoff. Ortiz se cuadro y en un tono nervioso devolvió el saludo—Buenos días, Coronel—
—¿ Algún problema ?—Cherenkoff empezó a hablar en español.
—No, señor. Simplemente subí para conectar varios sistemas para preparar el transporte de la lanza de mando a los hangares norte—
—No se preocupe, siga con su trabajo contramaestre—
El suboficial activo varios paneles secundarios y parte de las consolas se encendieron en unos segundos. El zumbido de los equipos electrónicos fue subiendo y unos instantes después se amortiguo. Cherenkoff decidió que allí ya no tendría ese silencio que necesitaba, se levanto del puesto del capitán y se encamino fuera del puente.
—Coronel, ¿ le podría hacer una pregunta ? Sino es molestia, señor—
—Ya la ha hecho, contramaestre—Cherenkoff le dirigió una media sonrisa, pero vio que el tripulante no capto su ironía—Haga la pregunta Ortiz—
—¿Hay alguna noticia de nuestros chicos que vienen del concordato, señor? Tengo un primo tanquista en la compañía beta y se que ha habido heridos. Pensé que usted tendría la lista y...—Ortiz se callo esperando la respuesta de Cherenkoff.
—Por fortuna, no ha habido heridos de gravedad—y después pensó, esta vez—Dígame el nombre de su primo y le echare un vistazo al informe médico—Cherenkoff se acerco al suboficial y le puso la mano en el hombro—Cuando sepa algo, lo que sea, se le informara—
Ortiz se cuadro y le saludo marcialmente—Muy agradecido, señor. Se llama Arturo Mendez, cabo Arturo Mendez, señor—
Cherenkoff asintió y salio del puente.

Cherenkoff bajaba hacia los hangares y recordaba a su abuela.
Fortuna, suerte, estrella, destino o como la llamaran, desde niño Cherenkoff había estado aliado con esa fuerza. Su abuela siempre le había contado que su familia tenia ese don desde tiempos inmemoriales y que eran mas fuerte en algunos miembros, como por ejemplo él. Su Baba le dijo de pequeño que siempre, o casi siempre le pasarían cosas buenas a él y a los que estuvieran alrededor suya. Cherenkoff nunca ha dudado de su fortuna pero cada vez más, tenia la impresión que el día que se le acabara su saco de buena suerte se iba a encontrar con la mala y con intereses.
Los Cosacos llevaban seis años en el negocio y ocho contratos si ninguna ruptura, cumpliendo dignamente su papel en situaciones bastante comprometidas. La estadística indica que el 75% de las nuevas unidades mercenarias no sobreviven a sus dos primeros años de vida y la suya había escapando a la misma por ahora. Cherenkoff, ademas de en su fortuna, también tenia confianza en la capacidad de sus hombres. Sus oficiales siempre cumplían, antes y después de su ingreso en la unidad; Selina había sido condecorada con el Sol Plata por el príncipe Davion, Rommel había sido un gran comandante en las fuerzas de la manfed y Yeltsin podría haber llegado muy lejos en la liga de mundos libres sino hubiera sido por su carácter. Cuando Cherenkoff los conoció en los Rangers de Waco y les hablo acerca de su idea de formar una unidad propia, todos recelaron. Todos habían superado grandes retos pero les hablo de un nuevo reto, de empezar de cero y crear algo nuevo que seria de ellos. Había forjado el núcleo y a partir de ahi el resto se fue uniendo a ese núcleo. El comienzo de la unidad no fue fácil, porque coincidió con la llegada de los Clanes. Fueron sobreponiéndose a cada dificultad. Con dos años de vida, sobre finales del 3051 los Cosacos habían llegado a tener dos batallones completos de ´Mechs, uno de vehículos convencionales y un ala y media de cazas. Cherenkoff quería llegar al regimiento completo. Entonces llego el contrato de Luthien. Gracias a sus contactos y a la buena reputación con la mancomunidad que habían obtenido en su corta vida, se incluyo a los Cosacos. Era algo histórico, intervendrían en la defensa de la capital del condominio contra los clanes junto a los Demonios de Kell, los Dragones de Wolf y otras unidades menores. Los beneficios en cuestión de dinero no eran tan elevados pero si lo eran en reputación. Los Jaguares de Humo y los Gatos Nova no dieron ninguna facilidad y los Cosacos perdieron casi un 50% de las fuerzas. Cherenkoff recuerda todas las cartas de condolencia que tuvo que enviar a todas esas familias. Fue una apuesta arriesgada que le enseño de la forma mas brutal las consecuencias de su arrogancia y su sed de gloria. Han pasado tres años y, desde entonces, la unidad no ha recuperado su fuerza original.
El fin del viaje en el ascensor le saco de sus ensoñaciones y le dejo en el nivel inferior de los hangares. Cherenkoff se dirigió hacia la salida mas cercana. El camino le hizo pasar por la bahía donde estaba su ´Mech Griffin. El Griffin es una maquina de 55 toneladas de aspecto humanoide, no muy grácil pero muy móvil, preparada para el combate a larga distancia. El vetusto ´Mech llevaba casi 60 años en la familia y 20 años con él. Siempre tenia problemas de equilibrio por culpa de su giroscopio. Cherenkoff heredo el Griffin de su padre cuando este se retiro del ejercito y lo bautizo como el Viejo Borracho, porque le recordaba a su abuelo cuando iba de caza, con su larga escopeta y borracho como una cuba. Hacia casi un año que no lo pilotaba, pero su mantenimiento se llevaba puntualmente. Cherenkoff ya no encontraba placer al pilotarlo pero no quería deshacerse de él. Por eso no había sido actualizado a la tecnología recuperada, no necesitaba mejorar su capacidad de combate ya que nunca acompañaba a sus hombres a la batalla. Cherenkoff prefería ver los combates desde la sala de planificación o desde hall de contratos. Muchos hombres habían muerto bajo su mando y esa responsabilidad ya no la quería llevar en combate, había pasado el testigo a otras manos más capaces.
Dejo atrás al Viejo Borracho y salio por la escotilla más cercana sintiendo el aire frió en la cara. Pensó en los chicos que venían del concordato de tauro y en la suerte que tuvieron. En menos de una semana estarían ya todos aquí de vuelta y podrían pensar en el siguiente contrato.
Levanto la vista al cielo, vio la posición del sol de Outreach y dijo en voz alta—No es demasiado temprano, y si lo fuera seguramente en algún lugar del mundo ya es hora para tomar un buen trago—
Y con un temblor a causa del viento se puso en camino a la cantina del espacio puerto.

2 comentarios:

Mad dijo...

Es que no hay nadie que no beba en tus historias? :P

Roh dijo...

Cherenkoff bebe para olvidar sus miedos y evadir en parte sus responsabilidades. Ya no tiene coraje para montarse en su Battlemech. Los otros personajes, si han bebido, es por la situación. Un personaje suele ser mas creíble gracias a sus defectos. Ademas, todos son cosacos... XD